Arcanos 14 a 21: El Camino del Espíritu

Al terminar la línea anterior nos encontrábamos a punto de ingresar en el ámbito de lo sobrenatural, el Ángel como una promesa de que nuestro mejor lado había ya salido a la luz. Pero todo Ángel tiene su Diablo, toda luz su lado oscuro, y ése lado oscuro es el que vamos a explorar en ésta última parte.

La secuencia de las últimas cartas es la siguiente:

Comenzamos enfrentándonos con el mismísimo Diablo, una carta que asusta y que la mayoría de las veces es mal entendida. Con él, aquí nos referimos ni más ni menos que a nuestro propio lado oscuro, ése que nos da miedo sacar a la luz, ya que podemos caer víctimas de él, y que sin embargo es tan necesario que enfrentemos para poder seguir adelante. Los golpes siguen, ya que una vez que enfrentemos ése lado oscuro tan temido, el rayo cae en la Torre que es nuestro ego, aniquilando todo lo que creíamos seguro y parte integral nuestra, para dejar nada más que una solitaria figura, los restos de nuestro Yo.

Ese mismo Yo que, libre al fin de todos los preconceptos que pudiera tener, toma un respiro y recupera fuerzas, comenzando el camino ascendente final en la Estrella, camino que va de la oscuridad general de ésta última línea hacia la luminosidad final presente en las últimas cartas.La Luna ofrece posibilidades de desviarnos de éste final, ya que en su luz las cosas son engañosas y podemos tomarlas como la luz real, tomando por cierta y final la iluminación que alcanzamos en la carta anterior. Si vencemos el miedo y seguimos el camino, la siguiente carta nos lleva hacia el Sol, con uno o dos niños simbolizando las posibilidades del futuro, y el renacimiento final después de las últimas pruebas.

Éste renacimiento se hace patente en la anteúltima carta de toda la serie, El Juicio, que nos muestra la escena del Juicio Final y la Resurrección de la Carne, donde nuestro Yo finalmente emerge de la Tierra, nuevo y listo para el mundo. La última carta, El Mundo, nos muestra justamente al individuo pleno, equilibrado, más allá de las ataduras sociales y mundanas (por éso parece flotar en el aire), en una danza gozoza, al haberse completado lo que en psicología analítica recibe el nombre de "Proceso de Individuación".