Este es quizás el Arcano sobre el cual existe la mayor cantidad de controversias hasta el
momento, probablemente debido a su carácter enigmático y poco amigo de las clasificaciones. Algunos
lo consideran el Arcano más importante, otros simplemente un paso más en la secuencia. El origen
de éstas discusiones es básicamente debido al significado y numeración de la carta. Hay quienes
consideran que debe ir al principio del mazo, como simbolizando un estado de inocencia ideal.
Otros (Waite y Eteilla entre ellos) indican que tiene que ir con el número 21, antes del Mundo.
Otros finalmente dicen que no debe poseer número, libre para aparecer entre cualquiera de dos
arcanos, fiel a su naturaleza juguetona.
Desde el punto de vista arquetípico, ésta última postura es quizas la más acertada. El Loco simboliza las energías psíquicas internas latentes, buenas o malas, y es a la vez un recordatorio de una inocencia perdida, de un tiempo donde nos dejábamos llevar por la vida, en vez de intentar guiar nosotros, y en el cual siempre estábamos protegidos por factores externos, como el perro ladrando avisando del precipicio al fin del camino. En algunos mazos el perro está intercambiado con un cocodrilo, el cual si bien es a un animal mucho más antiguo, y por lo tanto quizás simboliza energías más primarias, también era considerado un animal de infinita sabiduría, lo cual nos lleva a la paradoja central de ésta carta. El Loco sabe todo, pero no sabe que lo sabe; tiene todas sus experiencias separadas, "aparte" de él, un paso que todos debemos dar si queremos adentrarnos en el camino del autoconocimiento.
Otra significación tradicional del Loco es la de la creatividad, y esa aparente falta de
cuidado que debemos tener ante cualquier proceso creativo, ésa libertad necesaria para que la
creación fluya sin barreras de ningún tipo. El salto al vacío al que nos enfrentamos cuando
comenzamos cualquier proyecto, y que bien conocen quienes alguna vez estuvieron delante de una
hoja o lienzo en blanco, está aquí bien indicado con el salto del precipicio. Desde nuestro papel
de observadores nunca podremos saber qué espera al Loco unos metros más abajo, como nunca tampoco
lo sabrá el, perdido en ensoñaciones. Pero ése es exactamente el desafío: tener la falta suficiente
de consciencia de sí para emprender las cosas, ya que si nos quedamos meditando y analizando
eternamente las posibilidades nunca podremos emprender nada, perdidos en cavilaciones.
Esa misma energía que necesitaremos, al fin de cuentas, para pasar de estadio en estadio, simbolizado por cada uno de los siguientes Arcanos
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