Anarcofeminismo y Aborto
1.- Las anarcofeministas, furiosas, gritan consignas a favor del aborto:
-¡Muera la moral machista!
-¡Fuera leyes de nuestro cuerpo!
-¡Es nuestro útero y nosotras decidimos!
Y si alguno las insulta y las llama abortistas o asesinas de niños, ellas replican en el acto:
-No somos asesinas, puesto que ni el embrión ni el feto son personas humanas.
-Y aunque lo fueran, nosotras no apoyamos el aborto: sólo apoyamos la libre elección.
2.- Y bien: ¿cuál es el argumento de estas brujas? Helo aquí: Aun suponiendo (sin conceder) que el embrión y el feto son personas humanas desde la concepción o poco después, la madre sigue siendo la única dueña de su propio cuerpo, y sólo ella decide qué hacer con su cuerpo o con lo que hay adentro. Obligarla a que cuide y conserve el embarazo es violar su derecho más fundamental: el de disponer de su propio cuerpo a su antojo. Por tanto, si ella elige deshacerse del producto, eso será tal vez muy desagradable y enojará a muchos; pero lo único que hace es ejercer su libertad, su legítimo derecho. En otras palabras, la madre es dueña de su cuerpo tanto como lo es de su casa; por consiguiente, sólo ella puede decidir qué fetos, trastes y cachivaches guarda allí dentro.
3.- Eso dicen las anarcofeministas. Pero... ¿es de veras un argumento? ¿Creen que así pueden justificar la matanza de embriones y fetos? ¿De dónde sacan que son dueñas de su cuerpo? ¿Cómo osan tomar el sagrado nombre del anarquismo para legitimar tanta infamia? Su "argumento" no es tal; es sólo una declaración de prejuicios. El punto crucial era probar que son dueñas de su cuerpo, y no, simplemente, autoproclamarse como tales o asumir eso como una verdad axiomática. Pero esa prueba no existe.
Ni existirá. Porque es falso que sean dueñas de su cuerpo. Ese cuerpo que llaman "suyo" es una máquina, algo que se mueve solo, mecánica, eléctrica y químicamente. Una máquina de carne y hueso que sólo obedece al determinismo y al azar, al destino y al caos cuántico. Y una máquina, en fin, tan compleja y sofisticada que ella misma se figura, vanamente, que es más que una máquina. Porque (dicen) tiene voluntad, conciencia y razón. Hay adentro un diosesillo (un "alma"), y este diosesillo piensa, quiere y siente, gobierna a la máquina, y es por tanto el propietario de la máquina, sobre la cual tiene, naturalmente, todos los derechos. Sólo que este diosesillo es inútil: todo lo que piensa, quiere y siente (es decir, todos sus "ideales", todos sus "principios" y todos sus "valores") es también resultado del determinismo y del azar. Y aunque parece que el diosesillo gobierna, no gobierna. Y no gobernando, no tiene ningún sentido decir de él que es propietario con derechos.
El "argumento" de las feministas no es más que un residuo de la mitología cristiana ortodoxa. Pero la verdad es muy simple: ni existe el diosesillo ni son dueñas de nada ni tienen derecho a nada.
4.- Y si una vocecita apenas audible, una que hablara desde el vientre de la madre, dijera:
"¡Fuera sus leyes de mi cuerpo, fuera su voluntad de mi cuerpo! ¡El útero es mi casa y yo decido!", pregunto: ¿qué dirían las anarcofeministas? (después de todo, la vocecita utiliza exactamente la misma lógica...)
Y pregunto también: ¿íbamos a creerle menos a esta vocecita sólo porque aquellas brujas gritan más fuerte?
5.- Siendo el aborto la aniquilación de un niño a manos de un adulto, siendo así la máxima expresión del Poder del fuerte sobre el débil, el anarquista debe oponerse a él.
Pero si alguno, Dios no lo quiera, lo duda, lo niega o enseña la pestilente doctrina según la cual el anarquista debe apoyar el aborto, sea anatema.
Y chingue a su muy puta y herética madre.
Viva la anarquía
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